¡Será por adjetivos!
No sé (o sí) si de manera fundada o no, pero todos
opinamos constantemente sobre todo. Es algo inevitable e inherente al ser
humano. Vemos algo, y opinamos; oímos aquello, y opinamos; probamos, y
opinamos… Es normal. Es lógico. Ayuda a valorar peligros, oportunidades,
gustos, etc. Es, visto desde otro ángulo, una extensión de nuestras ganas de
comprender y distinguir objetos, ideas, hechos, etc. Ganas que se visualizan
muy bien en la base de ese apetito cognitivo que desemboca en opiniones, la
descripción.
Como queremos reconocer y comprender esa realidad sustancial (los sustantivos), la llenamos de adjetivos que la distingan de otras realidades diferentes. Pongamos un ejemplo típico: el sustantivo mesa. Puede ser de mil formas, tamaños, colores…, por lo que podemos llenarla con adjetivos para entenderla mejor, diferenciarla (o distinguirla y preferirla, vuelven gustos y opiniones), personalizarla o etiquetarla. Esto, en esencia, es describir; y de esta acción nace la opinión y los gustos de la gente.
Para entender (o enseñar) bien los adjetivos puedes hacer
un simple juego en clase: piensa en el sustantivo mesa y en adjetivos que puedan usarse para describirla, haz muchos
papelitos, repártelos entre los compañeros, escribid un adjetivo en cada uno de
ellos y ve poniéndolos encima de una mesa vacía mientras los leéis en voz alta.
En una clase de lengua habitual estudiarás los adjetivos
atendiendo a diversas partes desde una definición del tipo: categoría gramatical variable que expresa
cualidades sobre el sustantivo, con el concuerda en género y número. Por lo
tanto, desde una perspectiva morfológica, tendrás que saber el género y el
número de los adjetivos; además de su grado (intensidad absoluta o relativa de
ese adjetivo para con su sustantivo). Más adelante, verás la función sintáctica
de los adjetivos dentro de la oración y observarás que siempre se relacionan
con un sustantivo.
Para expresar el grado de los adjetivos hay dos formas:
la sintética (o morfológica) y la analítica (o sintáctica). La primera consiste
en añadir morfemas derivativos a la base de la palabra (alto > altísimo).
La segunda en aplicar fórmulas ya establecidas que relacionan realidades (más alto que, el más alto, etc.).
Los grados del
adjetivo responden a la intensidad con la que el adjetivo afecta a la
realidad que describe. Piensa en dos adjetivos frecuentes como bonito y tonto. Un cuadro (sustantivo) puede ser bonito (grado positivo, sin marcar grado); más bonito que este (comparativo de superioridad), igual de bonito que ese (comparativo de
igualdad), menos bonito que aquel
(comparativo de inferioridad); muy
bonito / precioso (superlativos absolutos, sin comparar con nada), o el más bonito del museo (superlativo relativo, es decir, dentro de un grupo mayor).
Lo mismo pasa con el resto de adjetivos. Se puede ser tonto, más tonto que otro (o igual de tontos, o menos), tontísimo, o el más tonto de todos. Esto funciona igual siempre, pero hay adjetivos que conservan formas latinas, por lo que expresan su grado de forma especial. Es el caso de bueno, malo, alto, bajo, grande y pequeño.
El trabajo de los adjetivos es acompañar y contar cosas de los sustantivos. En este sentido, según la forma que tengan de modificarlos, distinguimos entre especificativos (identifican un objeto entre otros de su clase) y explicativos, que señalan una característica que no permite distinguirlo de otros sustantivos de su clase. En el ejemplo el bonito coche rojo tenemos dos adjetivos aportando información sobre el coche. El primero (bonito) resulta una opinión subjetiva y va delante del sustantivo (no tiene por qué ir en esa posición); el segundo, en cambio, va detrás y parece que describe el color del coche de forma objetiva. En los dos casos estoy describiendo un objeto, pero hay adjetivos que tienen que ver más con una opinión abiertamente subjetiva.
Un caso especial de adjetivos explicativos muy usado en literatura es el epíteto, que es un adjetivo que describe una cualidad que ya sabemos por la mera definición del sustantivo, es decir, que es innecesaria y redundante. Se usa, precisamente, para dar énfasis y valor a esa cualidad. Me refiero a usos como fuego abrasador o profundo abismo.
Otra
forma de diferenciar unos adjetivos de otros es atender al valor semántico, que
quiere decir que valoraremos el tipo de significado de los adjetivos. Si
expresan una cualidad del sustantivo (lo más común), hablamos de calificativos (de calificar). Los de relación o pertenencia indicarán
eso, que guarda relación, o concierne a, algo (suelen ser adjetivos que se
forman desde sustantivos). Es el caso de musical,
nacional, normativo (de música,
nación o norma). Otro tipo serían
los gentilicios, que nos informan
del origen o la procedencia (español,
colombiano, marroquí, burgalés…).
Una
vez se comprende que es un tipo de palabra que depende y se relaciona con
sustantivos (puede, en ocasiones, hasta convertirse en sustantivo; pero ya
hablaremos de eso en otra ocasión) es fácil pensar en ellos como un instrumento
descriptivo y subjetivo (aunque algunos sean más objetivos en apariencia) que
nos ayuda a diferenciar realidades específicas y describirlas, así como a
formarnos una opinión de nuestro entorno.
Conclusión: los adjetivos son la forma de describir la realidad, que es sustantiva; pero no son la realidad en sí misma (o, más acertadamente, no la representan). Ayudan a precisar, pero desde una perspectiva particular y subjetiva; por lo que no deberías confiarte demasiado con ellos…


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.