La Comunicación

     Mientras escribo esta entrada, suenan campanas de una iglesia a lo lejos. También oigo coches pasar y, de cuando en cuando, el sonido del viento o palabras sueltas de gente que pasea por ahí. Si me paro a escuchar, espero un rato o me asomo a la ventana, oiré más cosas, casi seguro. No se puede descartar que un niño se ponga a llorar o que pase la policía con su sirena activada.

   Puede resultar obvio, pero todos esos ejemplos que hemos visto nos aportan cierta información. Esa información nos llega a nosotros por el aire y nos empuja a actuar de una u otra manera. Igual estamos concentrados en otra cosa y nos molesta ese ruido descrito, pero también puede estar dándonos el aviso adecuado. Puede que cerremos la ventana y pasemos de esa actividad de un domingo por la mañana, aunque no por eso deja de existir toda esa información. Si estuvieras paseando por la calle, lo anteriormente descrito te resultaría más útil, aunque discriminarías algunas señales y notarías más otras. Eso depende de qué datos te interesen a ti, del momento, etc. Imagina estar en plena naturaleza —en la selva, por ejemplo—. Ahí sí deberías estar atento a cada ruido percibido. Posiblemente eso te mantenga con vida.


    En esencia, esta es la base de la comunicación. El intercambio de información entre sujetos de un mismo entorno. La naturaleza se comunica, la ciudad se comunica, los animales se comunican, los objetos, las personas… Todo comunica. El problema es que no podemos atender al mismo tiempo todas las posibles comunicaciones o no sabemos todos los códigos necesarios para entenderlas. Muchas de las ciencias o disciplinas que estudiamos son tan exclusivas precisamente por eso, porque forman un sistema de comunicación (un lenguaje) que necesitas dominar para entrar en ellas. Piensa en la música, los idiomas, las matemáticas, etc. Lo cierto es que las formas posibles de comunicación (secretas o no) son numerosísimas.

   Sí, es verdad. No toda la comunicación es igual. En general, hay una comunicación que debemos estudiar con más detalle (en cualquiera de sus formas). Sí, es esa. La comunicación humana. Donde el intercambio de información se da de forma intencionada y los participantes (emisor y receptor) utilizan un código común. Para estudiar la comunicación humana hay que hablar de los elementos de la comunicación, que forman un conjunto cerrado entre ellos (todos son imprescindibles) para el acto comunicativo en sí. En un contexto determinado, un emisor crea y emite un mensaje mediante un código (proceso de codificación) que se transmite por un canal para que el receptor lo reciba y lo decodifique.

  Dentro de este esquema, vemos que los papeles de emisor y receptor pueden intercambiarse y continuar la comunicación. También vemos que el código debe ser comprendido por ambas partes para que se dé el acto comunicativo o que el canal puede condicionar la forma del mensaje. Pensemos en el lenguaje oral frente al escrito o en un español monolingüe hablando con un inglés monolingüe.


    El contexto externo que rodea el acto comunicativo es algo que cuesta entender un poco más, pero que resulta esencial para que las comunicaciones sean fructíferas y se comprenda el mensaje, pues puede modificarlo. Al final, hay que asimilar que todo en el mundo se da siempre dentro de un entorno o contexto determinado. No podemos estudiar a los animales sin estudiar su hábitat y no podemos entender cómo se siente un amigo sin conocer sus circunstancias.

   Este sistema responde de forma clara a la comunicación lingüística, aunque sirve para otras formas de comunicación y comenzó su andadura con la vista puesta en sistemas y medios de comunicación. Por esa razón, nos sirve bien para hacernos una idea global del tema. Es simple, completo y elegante. Una buena base si tienes que profundizar en cualquier proceso o sistema de comunicación.

   Hay otro elemento que no he mencionado. El reverso, el lado oscuro del asunto. Algo que demuestra que la comunicación (la que sea) se produce en un entorno concreto, con las variables controlables y no controlables que tal circunstancia provoca. Hablo, cómo no, del ruido en la comunicación. Sí, de esos elementos perturbadores que impiden o dificultan la comprensión de los mensajes. ¿Qué entendemos, en este caso, por ruido? Piensa en el ruido que ya conoces y añade otros problemas como un papel incompleto en un escrito, falta de cobertura al hablar por el móvil, un tono muy bajo de tu interlocutor. Todo eso es ruido.

    Contra el ruido hay cosas que podemos hacer. Ventajas de la comunicación humana. Podemos, cómo no, repetir la emisión; pero también preguntar, chequear qué es lo que no funciona o modificar el contexto que nos envuelve. Además, la lengua tiene otro remedio que sirve para combatir el ruido y para reforzar las partes esenciales del mensaje. Me refiero a la redundancia. Es algo que está presente en el código (en el español, por ejemplo) y que se basa en la repetición que ya hemos visto. Son redundantes los pronombres y otros elementos deícticos, pero también el uso del plural o la concordancia sujeto/verbo.

    Dentro de la comunicación humana, debemos pensar en dos grandes grupos: la comunicación verbal y la no verbal. Es esta segunda (la no verbal) la que más se parece a la de la naturaleza, animales, objetos, etc.; pues forma parte de esa información constante e involuntaria (o casi) de la que hablábamos al comienzo del presente artículo. Gestos, miradas, entonaciones, posturas… Todo eso comunica igual (o más) que las más bellas palabras. Piensa en la risa, el llanto o en una cara de susto. Tan importante es la comunicación no verbal que su estudio se divide en disciplinas diferentes (la cinésica, la proxémica, la cronémica o la paralingüística).

    Para finalizar esta pequeña reflexión, pensemos en los códigos que no conocemos, en esos sistemas pensados para burlar a ciertos receptores y pasar información. Códigos secretos, sistemas encriptados, lenguajes inventados, signos puntuales para comunicar con discreción… Estas cosas abren la puerta a otros temas variados e interesantes, pero serán ya parte de futuros artículos, igual que algunos datos específicos de la lingüística como el signo, el lenguaje o sus funciones.

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