Primer día en el taller

    Tengo una historia en la cabeza y, sin darme mucha cuenta, va tomando forma. Pasa el tiempo (o no) y algo en mí me dice que tendría que escribirla. Acto seguido, mi mente racional me grita: ¡Claro, como que fuera fácil! ¿Cómo vas a hacerlo, listillo?

    Poco más o menos, esto le sucede a muchos de los que intentan escribir, aunque también pudieran pensar, entre otras alternativas, cosas como lo bien que estaría, lo divertido que resultaría o las enormes ventas que alcanzarán. Todo lo que sea estimularte para emprender la aventura deberías conservarlo y atesorarlo bien, aunque tus motivaciones no tendrían que apostarlo todo a lo menos probable del proceso. Eso solo te creará frustración.


    
Como es lógico, yo creo que cada uno es libre de pensar lo que desee. Me limito a dar mi opinión y contar mi punto de vista personal sobre un tema que voy conociendo día a día. En esta introducción de mi particular Taller de escritura voy a contar, grosso modo, mi experiencia hasta ahora mientras reflexionamos juntos sobre esos primeros pasos y las opciones que tenemos al alcance de la mano en estos tiempos modernos.

    Seguro que hay escritores que te emocionan, te gustan o te aportan más que otros. Puede que busques cosas distintas en cada lectura que haces, o que seas de esos lectores abiertos que no discriminan. Puede, por qué no, que pienses de ti mismo (o misma) que deberías haber leído más (sin importar cuánto leas, o qué leas, o cómo leas lo que cae en tus manos). Es un pensamiento lógico, pues hay muchísimo más escrito de lo que vas a poder leer en tu vida. Es un hecho objetivo e inalterable. La cuestión es que tu experiencia es la que es, y eso hay que tomárselo con filosofía. Sé libre y disfruta leyendo. Eso es lo importante.

    Mucha gente que quiere escribir cree que lo primero no depende de uno mismo, cree en las musas, en la inspiración mística, religiosa o qué sé yo. Luego remata esa creencia con la lapidaria fortuna de su particular crónica de una muerte anunciada. Al no encontrar inspiración externa, nunca consigue ponerse, centrarse y escribir. Está, antes de empezar, condenado al fracaso. Todo por culpa de sí mismo y de pensar que es algo que debe esperar y esperar. En esto, no tengo dudas. La inspiración es como las oportunidades o la suerte. Estas cosas no se esperan. Se buscan y, sin duda alguna, se encuentran. O ellas a ti. Ya verás. Te sorprenderán en el mercado, el autobús o hablando con la gente. 

    Una vez hemos solucionado el primer escollo (la primera premisa falsa), es el turno de pensar sobre lo que sí podemos hacer desde el primer día. Hay una serie de premisas (estas no son falsas y dependen, en exclusiva, de nosotros) que debes tener en cuenta. Son: práctica, sistema, idea, motivación y concentración. Todas igual de importantes. Todas dependientes del escritor en sí. Eso es. De ti.

    Las ideas (hasta las que parecen malas) son, por un lado, tesoros y, por lo tanto, debes atesorarlas y guardarlas bien. Yo recomiendo pensarlas, macerarlas en la mente y escribirlas (el orden, en este caso, lo eliges tú). Por otro lado, las ideas son algo vivo. Crecen y se reproducen (pueden morir, por eso debes escribirlas a tiempo). Con una idea en la cabeza, acabarás engordándola, cambiándola y teniendo otras. Eso sí, hay que trabajarlas mucho y saber verlas venir. Aceptarlas o descartarlas (cuidado con los descartes, que pueden ser el germen de algo grande. Por eso conviene apuntarlas).

 
   La práctica (trabajo) es algo, como ya has visto con las ideas o la inspiración, esencial. Si quieres escribir tienes que, aunque parezca obvio, escribir. Igual que aprendemos a andar, correr, leer o lo que sea. Todo mejora y se perfecciona con la experiencia. Si esperas que tus primeros escritos alcancen tu máximo potencial, puedes buscar un asiento cómodo, porque esperarás hasta el final de tus días en la Tierra. Hay un mantra típico con eso de la escritura. Se cree que cuanto más leas, mejor escribirás. No voy a decir que leer no sea útil para escribir, pero pensar que su relación es directa o vital es una falacia demostrable; pues no aprendes a correr si andas mucho, o no aprendes a nadar mirando al mar. Para escribir mejor, lo suyo es escribir y escribir. No hay otra.

    Es el turno de la motivación, el pilar maestro de cualquier empresa. Hay muchas formas de motivarse. Es más importante que encuentres lo que a ti te motiva que cualquier cosa que leas aquí. Con todo, te diré lo que pienso de la motivación. Es esencial, estamos de acuerdo, pero también puede llegar a ser confusa, engañosa y foco de frustración. Si pones el acento en tus objetivos y tu motivación se centra en lograrlos, irá bien, al no ser que sean a largo plazo. Entonces habrás dado, sin querer, el primer paso hacia el fracaso. Es decir, no confundas la motivación con tus ilusiones o deseos más elevados o improbables.

    La verdadera forma de animarte a seguir no tiene que ver con eso. Lo importante es que escribir te ayuda a pensar, comunicarte, aclarar tus ideas, etc. O que te haga feliz por el camino, que te guste hacerlo. Disfrutar del punto final de una historia, de un artículo terminado o de una canción cantada es el objetivo que tu interés debe lubricar y azuzar tu motivación. Es importante porque no te voy a engañar. Como afición es tremendamente buena. Como profesión, complicadísima.

    Te encontrarás muchos obstáculos una vez tengas cosas terminadas. Eso, aunque ya lo sabes, es cierto. No es sencillo empezar. Por eso, yo creo que hay que saborear cada instante sin esperar nada del siguiente paso. Si llega, se celebra, se disfruta y se sigue trabajando. Humildad, trabajo, perseverancia y calma son buenos aliados en esto. Por el momento, charlaremos sobre escribir. Lo que está después de eso lo dejaremos para más adelante.

    Las otras dos están conectadas con lo dicho y entre ellas. La concentración y un sistema de trabajo van de la mano. Uno ayuda al otro. Supongo que no hay una regla fija en esta parte. Cada uno se concentra de una forma y necesita un sistema de trabajo más rígido o menos. Por eso no voy a decirte qué es lo que tienes que hacer. Tú sabrás cómo logras la calma que te hace conectar con las ideas y plasmarlas al papel. Tú sabrás el sistema que te haga encontrar esa concentración precisa que requieres o el tiempo que tienes disponible. Si no lo sabes, sí que te recomiendo que lo busques y lo implementes en tu día a día (o en el tiempo que tengas).

    Ya tenemos una buena base, aunque nos quedan muchas cosas todavía. Llega el turno de los gustos, los géneros, la técnica, el estilo, el lenguaje... Comencemos pensando qué te gusta y qué molde se adapta mejor a ti y a lo que quieres contar.

 

   ¿Qué quieres contar? Escribir es una forma de comunicación. No podemos olvidar eso. Te estás comunicando (puedes ver la entrada sobre comunicación si no sabes de qué estoy hablando), con todo lo que ello significa. Según lo que respondas a esto, y en comunión con tus propios gustos, toca elegir un género específico para ello —y, acto seguido, el subgénero—. Yo soy partidario de comenzar cacharreando lo máximo posible (sobre todo si eres joven o dudas), pero no tardarás en toparte con moldes afines a tus gustos y tus mensajes. Canciones, poesías, cuentos, teatro, guiones, ensayos, tesinas, descripciones, cómics… Como ves, hay muchísimas posibilidades.

    Tengo claro que lo que has leído hasta aquí te vendrá bien independientemente de lo que escribas. En este blog nos adentraremos más en novelas, cuentos y fantasía; pero trataré de explicar —y de aportar algo a— los demás. Al menos, un poco de teoría.

    Hasta aquí es suficiente como primera piedra del taller, aunque no quiero despedirme sin mencionar otros factores importantes que no suelen decir por ahí. Sí, en esto de escribir, como en lo demás, es importante también tener en cuenta a tu propio entorno. Para bien (generalmente), pero también para el que lo tenga hostil. Debes adecuar tus aficiones a tu entorno para evitar que tus mundos choquen. Como cada uno tiene el entorno que tiene, te paso un enlace fundamental para el escritor (aficionado o profesional) y te animo a que uses las redes sociales para ampliar tu entorno literario. Busca grupos de escritores en tus redes, pero ten cuidado con lo que publicas o con lo que das como bueno si no conoces a las personas que te escriben. En fin, como siempre hay que hacer en la red o en la calle.

https://www.escritores.org/

La Edad Media

 Contexto histórico, social y cultural (artístico) en la Edad Media   

        La Edad Media europea dura unos diez siglos (del V al XV). Desde la caída del Imperio romano de Occidente (476) y las invasiones germanas hasta el 1453 (caída del Imperio Bizantino) o el 1492 (toma de Granada/final de la Reconquista y descubrimiento de América), depende de los historiadores. De cualquier forma, son fechas, todas, esenciales. En 1453, además de lo dicho, se crea la imprenta (Gutenberg), algo que revoluciona las cosas del mismo modo (o más) que internet en el siglo XX. Por su parte, el año 1492 es, del mismo modo, fundamental; principalmente, para el ámbito hispánico, pues se crea la primera gramática española, la de Nebrija (Gramática castellana), que será una primicia para las lenguas europeas y una herramienta clave en el Nuevo Mundo.

      Un pequeño repaso histórico nos llevaría a mencionar a los pueblos que se instalan en la península: visigodos, vándalos y otros (invasiones germanas para unos, grandes migraciones y reinos germanos para otros). Hasta la gran invasión del territorio y el fin de estos reinados y el inicio de la España musulmana en el 711, que no terminará del todo hasta la toma de Granada en 1492 por los Reyes Católicos. Aunque este blog no es de historia, vamos a centrar la atención en algunos datos históricos relevantes en la EM peninsular (en lo que se conoce como Reconquista). 

    Desde su entrada, que fue rápida y casi total hasta que Abderramán III proclama el Califato de Córdoba al comienzo del siglo X o Almanzor detiene las fuerzas cristianas alrededor del año 1000, hasta la caída del califato y su división en reinos de Taifas en el 1030 o las entradas de los almorávides y los almohades (1086 y 1172 respectivamente); los musulmanes dominaron la situación. Mientras, los reinos cristianos, casi desaparecidos, van avanzando posiciones poco a poco. Es importante mencionar que tanto unos como otros tenían luchas y guerras internas o alianzas con reinos de la otra religión.

    En el 722 surge un Estado cristiano en Asturias, Cantabria y Galicia; en el 932 nace el reino de Castilla (desde el condado de Castilla, perteneciente a León); en el 970, el de Navarra… Por último, en 1118 surge el reino de Aragón. Como dato curioso, el Cid vivió a mediados del siglo XI (en el 1095 resistía a los almorávides). De una costa a otra, vemos aquí nacer a los reinos de Galicia, León, Castilla, Navarra y Aragón o a los condados catalanes; y, por ende, al gallego (y al portugués), al español (con muchos dialectos por aquel entonces) y al catalán.

    Una fecha importante en este proceso histórico es el año 1212 y la batalla de las Navas de Tolosa. Desde el final del siglo XIII hasta el XV es el desarrollo de estos reinos y la supremacía de Castilla y Aragón, con su unión (Reyes Católicos) y el fin de la Reconquista en 1492, o con la famosa expulsión de árabes y judíos (si estudiáis bien el tema, notaréis que no fue, ni mucho menos, la única en Europa, aunque carguen con la fama). De todas formas, os dejo enlaces a canales buenos de Historia para ver mejor estos eventos. Para lo que aquí nos ocupa, es más que suficiente este breve repaso.

https://www.youtube.com/watch?v=OnTV8xRNmgA

    Estos diez siglos (del V al XV) se suelen dividir en dos: la Alta Edad Media (hasta el siglo X) y la Baja Edad Media, del XI al XV. Nos centramos en la Baja, pues en la otra no había literatura española propiamente dicho. Los textos eran, fundamentalmente, en árabe, latín y hebreo.

    En España, durante mucho tiempo se venía considerando el año 1140 como punto de arranque de nuestra literatura, fecha aproximada de la redacción del Poema de Mio Cid, pero el descubrimiento de unas cancioncillas mozárabes (las Jarchas) nos ha permitido conocer que nuestra literatura comenzó antes (las más antiguas son, aproximadamente, del año 1000).

    El ambiente bélico (Reconquista y Cruzadas) en la Edad Media condiciona la estructura social en Europa, donde la nobleza alcanza un gran poder económico y político. La sociedad estaba establecida sobre la base de tres órdenes fuertemente jerarquizados: la nobleza (dirigen la guerra y son dueños de la tierra), el clero (mantener y difundir el ideal cristiano y sus privilegios) y el pueblo (campesinos). Sí, estamos ante el típico molde medieval de sociedad estamental y una economía basada, esencialmente, en agricultura y guerra; aunque, poco a poco, irán creciendo las ciudades y ganarán en importancia (hacia el final de la EM) y avances técnicos y artísticos o artesanales. Así, surgen la burguesía y los gremios (siglos XIII y XIV). No hay más que pensar en el arte gótico o en la aparición de las primeras universidades o el aumento y apertura de la cultura.

https://www.youtube.com/watch?v=DjdFLJT5lhY

    Esta organización social tenía un marcado carácter religioso; es decir, cada individuo acepta su condición como impuesta por Dios y nada puede igualar a unos y a otros sino la Muerte, que será un tema medieval recurrente en literatura, pintura y otros.

    De igual forma, es esencial el hecho de que durante la Edad Media conviven en la Península tres grandes culturas: árabe, judía y cristiana. En la andalusí (escuelas musulmanas) se traducen al árabe obras científicas y médicas del mundo antiguo griego, del indio, del persa o del chino. Los árabes que vivían en territorio cristiano se llamaban mudéjares. Los cristianos que vivían en zonas árabes, mozárabes (dialecto mozárabe). Los judíos viven en la zona de dominio musulmán y en la cristiana. Colaboran en la traducción de las grandes obras del saber. Los que fueron expulsados conservaron su idioma (sefardíes).

    La cristiana, por su parte, tenía tres importantes focos de producción y difusión: la Iglesia, los juglares y la corte. Los monasterios se convierten en los centros culturales por excelencia. En ellos los monjes copistas reproducen y comentan textos clásicos y sagrados. Es una cultura fuertemente teocéntrica, a pesar de que en un principio la labor de la Iglesia se orientó a asegurar la continuación de la cultura antigua. Más adelante esta actividad continuó en las escuelas catedralicias y en las universidades (desde el siglo XIII). Los juglares, que en su repertorio incluyen poemas épicos acerca del pasado histórico o legendario de España, fortalecen la tensión guerrera con que se vive la Reconquista y hacen labor propagandística. Por último, la corte, a raíz de la acción cultural de Alfonso X (siglo XIII), tiene gran peso en la cultura, la sociedad y las artes.

    Por otra parte, el fervor religioso que caracteriza esta época se refleja en las peregrinaciones a Santiago de Compostela, lo cual supuso un medio importante de intercambio cultural con Europa. Para finalizar, no podemos olvidar el papel del pueblo, que canta canciones líricas de amor, de trabajo, de fiesta, etc.


    Veamos algunas características generales de la literatura medieval: la importancia de la transmisión oral (gran parte de la literatura se difundía mediante la recitación, dado que la mayoría de la población era analfabeta), el carácter anónimo de sus autores (la literatura surge de la colectividad y luego va siendo modificada por juglares, clérigos…), la finalidad didáctica o moralizante (la influencia religiosa determina que, en muchos casos, la literatura se utilice para influir en los oyentes; otras veces, sirve de propaganda de los valores de un rey o de un pueblo, como ocurrirá con los cantares de gesta), y el uso del verso (hasta bien entrada la Edad Media —siglo XIV—, el verso será el modo usual de escribir, dada su facilidad para la recitación).

    Las grandes orientaciones de la literatura medieval son la religiosa, la heroica y la amorosa, que se van a difundir fundamentalmente a través de la poesía. Dos tipos de poesía se cultivan: la lírica (popular y culta) y la narrativa (popular y culta).   

Categorías gramaticales

 ¿Cuántos tipos de palabras hay?

    En nuestro idioma hay nueve tipos de palabras. ¿O eran ocho? Efectivamente. Podemos formar cualquier enunciado con estos nueve tipos de palabras (categorías gramaticales), aunque algunos prefieren ver el paradigma como ocho tipos de palabras más una libre e independiente a la que llamamos interjección. Si dejamos las interjecciones aparte (luego hablaremos de ellas), ya tenemos esas ocho categorías. Es el momento de reflexionar un poco sobre cada una de ellas y ver cómo se relacionan. Para pormenorizar sobre cada una os recomiendo visitar los artículos correspondientes.

    El primero del que hablaré es el sustantivo (o nombre). Con él, se construye el mundo, se nombra, se materializa, se etiqueta. Lo malo es que resulta una realidad inmóvil, pobre y sin relacionar. Para dar vida, matices y demás a los nombres de todo lo que hay (real o no) necesitamos a los adjetivos (para describirlos) y a los determinantes (para ubicar exactamente a qué me refiero en cada momento). Además, para no repetir demasiado las mismas palabras una y otra vez en cada frase, tenemos a los sustitutos de los nombres, que son los pronombres.

    Si te das cuenta, ya estamos en la mitad. Ahora es el turno de los verbos, que son los que moverán esa realidad nombrada por los sustantivos. Estos primeros cinco tipos de palabras son variables, pues sus formas pueden flexionarse para adaptarse a una realidad que puede cambiar de género, número, persona y otras cosas. Algo esencial, en especial, para los verbos.

    El trabajo de los verbos es titánico, por lo que van a necesitar ayuda de un tipo de palabra que no necesitará cambiar de forma (invariable) para completar la información que quieran aportar. Sí, son los adverbios. En este punto, solo nos quedan dos tipos de palabras (con permiso de las interjecciones) para poder articular cualquier oración o texto en nuestras gargantas. En los dos casos, su trabajo es muy particular, poder unir y relacionar al resto de palabras y oraciones. Son, de alguna forma, el pegamento que cohesiona lo demás. Igual que los adverbios, estas categorías son invariables.

    En el caso de las preposiciones, forman un grupo cerrado que sirve para relacionar un grupo de palabras con una palabra (o grupo) anterior, de la que dependerá (estará al servicio de). Las conjunciones, por su parte, unen o relacionan fragmentos iguales (palabras con palabras, grupos con grupos, oraciones con oraciones).


    Lo prometido es deuda, por lo que toca hablar de las interjecciones. Lo primero es saber por qué se quedan, a veces, fuera de la lista de tipos de palabras. La respuesta a esto puede ser algo controvertida, pero lo esencial del argumento se entenderá sin problema. Si lo piensas bien, las interjecciones son palabras invariables; así que, ¿qué es lo que las hace tan especiales? Son especiales porque no se relacionan con el resto, no forman parte de la sintaxis de la oración y su significado no es fijo. Es el contexto el que da sentido a las interjecciones. 

    Sirven para expresar sentimientos o impresiones y, en algunos casos, son onomatopéyicas, es decir, que simulan o recrean un ruido natural, artificial, etc. Se clasifican en dos grupos, pues hay palabras que siempre son interjecciones (propias) y otras que pueden o no serlo en función del contexto o el uso dentro de la oración (impropias). Si escribo algunas aquí, seguro que sabes distinguir, del tirón, cuáles son de un tipo y cuáles son del otro. Veamos: ¡zas!, ¡oh!, ¡pum!, ¡cielos!, ¡toma!, ¡vaya!...

    Igual que pasa con verbos, preposiciones y conjunciones; las interjecciones pueden formar grupos de dos o más palabras que funcionan, a todos los efectos, como las interjecciones de una sola palabra. Es el caso de las locuciones interjectivas.

    Lo que más me gusta de algunas interjecciones es lo parecidas que son a los ruidos de animales u objetos. Lo directo de su valor, de su sentido. Parecen, casi, fuera de la lengua racional; aunque no lo estén.

    Como habéis visto, las palabras no van sueltas (la mayoría). Lo que hacen es juntarse para formar entidades mayores que llamamos grupos o sintagmas. De la misma forma, los grupos se vuelven a relacionar para formar oraciones completas. Este sistema es el que logra un sinfín de posibilidades. En español, las palabras se juntan de cinco formas posibles (cinco sintagmas). Son: el nominal, el adjetival, el adverbial, el verbal, y el preposicional. Los veremos, a su debido tiempo, en otros artículos del blog.

Determinantes y pronombres

    Determinantes, pronombres, adjetivos determinativos, determinativos,  cuantificadores… Son muchas las formas de estudiar, comprender o encarar estos tipos de palabras, estas listas de acompañantes o sustitutos de los sustantivos tan útiles y versátiles; así que dejaremos estas cuestiones al margen para debates y argumentaciones académicas. Aquí utilizaré las etiquetas que mejor engloban los conjuntos completos, que más se han utilizado y que más aceptación general siguen teniendo. No estoy despreciando el resto ni nada parecido. Es una cuestión práctica, nada más. 

    Tras esta primera aclaración, ya puedo comentar un poco qué son y para qué sirven estos dos tipos de palabras. Determinantes y pronombres. Los dos, juntos, son responsables de que la lengua mantenga algunas de las características que la hacen ágil, práctica, recurrente, económica y eficaz. Sin ellos, nuestras oraciones serían mucho más largas, tediosas y difíciles de seguir. Ese es su papel en esta historia que llamamos lenguaje.


    Ambos grupos están dentro del mundo nominal. Son creaciones, inventos que van a hacer referencia o se van a relacionar con el sustantivo. En el caso de los determinantes van a acompañarlos, a escudarlos. Siempre delante de ellos, siempre matizando (determinando) la situación o la referencia real de un objeto concreto etiquetado bajo el amparo de un sustantivo desde la perspectiva, también concreta, del hablante. Sirven, pues, para concretar una realidad específica. Hay siete tipos de determinantes.

    Probaré lo que acabo de decir con todos ellos. Pensemos en el sustantivo mesa. No puedo decir *mesa es grande porque el sustantivo necesita ubicarse en el espacio-tiempo concreto del hablante. Por eso decimos que la frase anterior resulta agramatical. Para solucionar esto, la lengua utilizará determinantes. La mesa, esta mesa, mi mesa, cinco mesas, algunas mesas, qué mesa, cuya mesa… También es interesante que puedes encontrarte con dos determinantes juntos (siempre delante, los dos, del sustantivo): todas las mesas.  

    De esta forma, y con un contexto específico, el grupo nominal ya está completo y hablante/oyente pueden entenderse con facilidad. Nótese que el determinante siempre estará delante del sustantivo. Solo en esa posición funcionará como tal. Es así como diferenciarás algunos adjetivos (los adjetivos determinativos) de los determinantes, por la posición en el grupo nominal. Es la diferencia entre esta mesa es grande y la mesa esta es grande. En el primer caso, va delante y determina a qué mesa se refiere el hablante. En el segundo equivale a un adjetivo. Fíjate que puedes decir la mesa roja es grande.

    Los tipos de determinantes, como hemos visto en los ejemplos, son: artículos, demostrativos, posesivos, numerales, indefinidos, relativos y exclamativos/interrogativos. No te voy a aburrir ahora explicando y repasando cada tipo. Eso lo mostraré en otra entrada. Lo que sí haré es hablar de la otra clase de palabra que nos ocupa, extremadamente relacionada con determinantes y sustantivos; pues, en muchos casos, sus representantes tienen la forma de los determinantes y son los sustitutos oficiales de los sustantivos. Eso es. Llega el turno de los pronombres.


    Igual que los otros, los pronombres no significan (en el sentido semántico) nada. Son simples formas de evitar repeticiones o apariciones innecesarias. De hecho, son morfemas independientes con significado gramatical capacitados para hacer referencia a realidades ya citadas (deíctico anafórico) o que vas a citar más adelante (deíctico catafórico).

    Son los mismos tipos que los determinantes en seis de las siete opciones (demostrativos, posesivos, numerales, indefinidos, relativos y exclamativos/interrogativos). En el caso de los pronombres, el séptimo tipo es el que engloba a los pronombres personales (no hay artículos entre los pronombres). Igual que con los otros, hablaremos de cada uno de ellos en otra entrada.

    Las formas de los pronombres personales existen porque deben poder representar a las seis personas gramaticales (de ahí su nombre) en situaciones (o papeles) deferentes. En efecto, cambian para acomodarse a su función en la oración, existiendo formas de las seis personas para funciones como sujeto, complemento directo, complemento indirecto o término de un SP (sintagma preposicional). Además, encontraremos diferencias de uso en función de en qué lugar del mundo o en qué situación social estemos hablando español.

    Por último, hay que añadir, para comprender bien estos dos tipos de palabras, que forman listas cerradas de palabras variables (género y número). Como conclusión, la mejor reflexión sobre este tema es que los determinantes y los pronombres son las palabras que hacen que la lengua sea flexible, recurrente, ligera, versátil y práctica. Hacen manejable esa realidad que nos formamos con los sustantivos. Gracias a ellos, podemos elegir bien de qué se está hablando en cada caso. Con los mil matices y posibilidades que existen.